La regla de los 15 segundos

La regla de los 15 segundos

La regla de los 15 segundos es una práctica que parece muy pequeña, pero tiene un alcance enorme, sobretodo cuando se incorpora a las costumbres diarias. Cuando estoy con pacientes la uso mucho, especialmente para trabajar con gente ansiosa. Gente que peca de una asertividad mal entendida, a veces dicen las cosas demasiado rápido o muy fuerte y después se arrepienten.

Básicamente consiste en no decir lo primero que se nos viene a la mente, sino que parar, respirar, pensar y hablar.

Muchas veces nos pasa que queremos decir algo y lo decimos de manera automática, sin pensarlo y nos equivocamos. Esto nos pasa en todos los ámbitos, con la pareja, los hijos, los amigos, el jefe, los colegas, los empleados, incluso con los desconocidos. El cerebro toma una decisión antes que yo y la emite de manera automática, sin pasar por la consciencia, el discernimiento o la empatía. Estos son valiosos filtros para interactuar y simplemente nos los saltamos.

Cuando esto pasa lo que decimos suele sonar mal, o lo decimos mal, o el otro lo interpreta mal, sin importar, el resultado es nefasto.

A veces, lo hacemos para parecer atentos y eficientes, pero cuando sale mal nos sentimos pésimo, muchas veces somos mal interpretados y el problema se agranda aun más. Muchas veces pedimos perdón y si la situación no es tan grave somos perdonados. Pero el que nos perdonen no hace que el otro olvide lo que dijimos. Muchas cosas que se dicen en momentos de impulsividad pueden crear problemáticas importantes en la persona que está al frente.

Entonces, el desafío es no responder inmediatamente, a menos que lo que vayamos a decir sea positivo. De esta manera nos evitamos generar dolor o angustia en el otro.

Uno puede decir cualquier cosa dependiendo de cómo lo diga, eso es la asertividad, decir las cosas en el momento correcto, de la manera correcta y sin herir.

La regla de los 15 segundos puede sonar muy básica, pero cuando uno la empieza a usar uno se da cuenta que tiene un montón de ventajas. Da tiempo para activar en mi cerebro la capacidad de repensar lo que voy a contestar. Esto me hace ser más eficiente, asertivo y disminuye el riego de dar una respuesta no indicada. También me va a evitar la constante preocupación y problemática de estar arrepentido de lo que dije, o de la forma en que lo dije o del momento en que lo hice.

Con la regla de los 15 segundos soy más feliz y elimino el riesgo de herir a otra persona.

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