Colaboradores felices ¿se puede?

Colaboradores felices ¿se puede?

En todas las épocas ha habido gente que disfruta de su trabajo y se levanta feliz. Sin embargo, no es hasta hace un par de años que valores como el respeto, la comunicación y la dignidad se han convertido en un requisito y en un verdadero desafío para las empresas.

El sueldo que se paga por los servicios prestados, sigue siendo muy importante. Es ese ansiado sueldo el que nos permite a todas las personas desarrollarnos. El que genera la movilidad social, el salir de vacaciones y el crecimiento económico de un país.

El gran cambio está en que antes el sueldo lo era todo, y hoy es el desde.

Nuestros abuelos y nuestros padres iban a trabajar porque debían hacerlo, no se cuestionaban aspectos más relacionales del trabajo. En esos años tener un buen puesto era un lujo que había que saber cuidar. Esto no es nada raro entendiendo que el respeto por los derechos humanos apareció después de la Segunda Guerra Mundial y tiene menos de 80 años.

Hoy las cosas son distintas, la globalización a acercado todo, los productos son más baratos, las incertidumbres son menos, y la escasez en los países en crecimiento se siente como algo del pasado. Como resultado nos hemos puesto más críticos y aspiramos a más.

Si bien el trabajo no tiene que porque ser entretenido, hoy día todos los que trabajamos, exigimos variables mucho más completas y transversales. Valoramos la comunicación dentro de la compañía, el respeto, los valores, la flexibilidad, la retención de talentos, el plan de carrera, el clima organizacional, el apoyo a la familia y el equilibrio entre la vida familiar y el trabajo. Buscamos que el trabajo que desarrollamos sea lo más parecido a una extensión del bienestar en otras aristas.

Para tener trabajadores y empresas felices tenemos que tener claro primero que sí se puede y segundo que esto involucra un cambio de paradigma. Tenemos que dejar de pensar que al trabajo vamos solo a trabajar y entender que podría ser mucho más. Y tercero, tenemos que saber que es nuestro justo derecho luchar por eso, mal que mal pasamos el 25% de nuestra vida en el trabajo y a veces más.

Esta lucha es de los jefes, de los empleados e incluso de los inversionistas. Es una labor de toda la sociedad para que seamos personas más felices y productivas. Esta es la única forma que tiene el empresario de generar vinculo y compromiso con los trabajadores. La gente no se compromete con una empresa por lo que la empresa le paga, sino que por lo que la empresa representa para él. Trabajos donde se respete la diversidad, la productividad, y al trabajador en si mismo, independientemente del cargo que tenga.

Estabilidad, seriedad, respeto, cercanía, bienestar, familia y cuidado, son algunas de las variables que cuando las siento en mi empresa es mucho más alto el costo de cambio.

 

Felipe Orrego / Empresario – Charlista – lifecoach

 

 

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